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“Solté la perra a cantar”: Las Voces del Bullerengue regresan con un álbum de pura resiliencia

El colectivo Anónimas y Resilientes estrena la tercera edición de su proyecto musical y comparte las duras historias de vida que se transformaron en arte.

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Las cantadoras de la tradición afrocolombiana están de celebración. El colectivo Anónimas y Resilientes presentó la tercera edición de su producción discográfica, titulada Voces del Bullerengue 360”. Este proyecto no es solo una recopilación de música tradicional para el mercado, sino un documento vivo de resistencia, sanación y libertad para un grupo de mujeres que han convertido sus dolores y las vivencias de la cotidianidad rural en cantos que hoy reclaman su lugar en la escena global.

Música grabada con los sonidos vivos del territorio

Una de las características más profundas de este trabajo es que las canciones y los componentes visuales no se encierran en las cuatro paredes de un estudio convencional. Las grabaciones se realizan directamente en los territorios, al aire libre, permitiendo que el viento, el canto de los pájaros y el sonido del mar se integren de manera orgánica a la pista.

Para las cantadoras, el bullerengue es fundamentalmente un canto de patio y de comunidad, por lo que restarle los ruidos del entorno sería como quitarle el azúcar al tinto. Las letras nacen de la pura observación natural, como ocurre con el tema “El Nubarrón”, una canción que una de las maestras empezó a componer al ver cómo se acumulaban las nubes de tormenta sobre el monte del campo donde nació.

Una historia de opresión y la liberación de cantar en la vejez

Detrás del ritmo bailable y la energía de los tambores se esconden relatos de profunda opresión familiar que hoy se transforman en victoria. Durante la entrevista, una de las maestras conmovió al público al narrar cómo su pasión por la música, heredada de una dinastía de cantadoras de la familia Ospino, fue apagada por el machismo. Se casó siendo casi una niña y su esposo le prohibió de inmediato volver a cantar.

Durante décadas vivió con miedo y en el anonimato, dedicando su juventud a los extenuantes trabajos del campo: cortar leña, acarrear agua, fabricar muñecos de trapo y pilar arroz y maíz bajo el sol abrasador. El quiebre definitivo y su renacer artístico llegaron con la viudez, un momento de quiebre que ella misma describe con una fuerza y un humor inigualables.

“Veinte años tenía yo cuando me puse a cantar, pero vino mi marido y dijo que no cantara más. Yo no cantaba, tenía miedo de cantar. Pero ahora ya él se murió, entonces solté la perra a cantar. No tengo miedo ya, el muerto no sale”.

El bullerengue como herramienta de paz y el sueño del Grammy

El bullerengue funciona dentro del colectivo como una poderosa herramienta de paz y transformación social femenina. En entornos históricamente golpeados por diversas problemáticas, la música se convierte en el espacio ideal para respirar, descansar y resolver las diferencias a través del canto integrado. El gran sueño de la agrupación, que cuenta con el respaldo de haber trabajado durante más de quince años junto a la legendaria Petrona Martínez, es ganarse un premio Grammy como reconocimiento a un esfuerzo que viene de generaciones.

A pesar de que este género es considerado patrimonio cultural, las artistas señalan que la industria musical y el apoyo institucional todavía se quedan cortos en los territorios. El proyecto ha salido a la luz gracias al empeño independiente de gestores como Chaco, quien se ha dedicado a visibilizar la identidad de las cantadoras.

Para garantizar que la tradición no muera, las maestras apoyan el relevo generacional y ven con buenos ojos las colaboraciones con DJs y productores de otros géneros, ya que esto impulsa a los jóvenes a investigar de dónde viene el golpe del tambor. Hoy, felices recorriendo el país en su gira de medios (e incluso bromeando con comprar una casa en Bogotá para escapar del calor de su pueblo), las Anónimas y Resilientes cierran su propuesta con el verso que mejor define su arraigo: “Yo no me voy, aquí me quedo. Esta tierra es mía a criar gallina, marrano y carnero”.

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