Bailar la tusa en la 85: El merenguetón sin filtros de Alejandro Saavedra
Con más de 600 mil oyentes mensuales en Spotify, el artista colombiano presenta su EP ‘El malo soy yo por tener corazón’ y confiesa cómo ChatGPT inspiró uno de sus éxitos.
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Sostener un proyecto musical en la era de la inmediatez digital no es un juego, pero Alejandro Saavedra parece haber encontrado la fórmula. Con una audiencia que ya supera los 600,000 oyentes mensuales en Spotify y su éxito La Cura sobrepasando el millón de reproducciones, el artista consolida su propuesta dentro del merenguetón. Su estrategia es tan vieja como efectiva: heredar esa tradición de las salsas y los merengues clásicos que narran historias trágicas de desamor, pero vestirlas con ritmos vibrantes y bailables. Al final, la premisa es simple: el despecho se digiere mejor si se está moviendo el cuerpo en la pista.
Su nuevo EP, El malo soy yo por tener corazón, funciona como una radiografía de las relaciones modernas sin adornos plásticos. Saavedra se define a sí misma como un romántico de corazón libre e inocente, un personaje que a veces intenta abarcar mucho y termina apretando poco. Es la viva estampa del tipo que se encarriza con una niña nueva, se distrae cuando reaparece la ex y, por dárselas de piloto de su destino, termina dañando las cosas con las dos. El cierre de la historia es puramente bogotano: el protagonista solo, comiéndose un perro caliente a las cinco de la mañana en la calle 85 junto a sus amigos.
“Uno en la música se sienta a hacer terapia literal. El EP lo hicimos escarbando en los sentimientos de mi única relación seria. Las canciones conectan mucho más con la gente cuando el sentimiento del compositor es genuino, aunque toque reírse de las propias desgracias.”
De las ocurrencias con Inteligencia Artificial a la cura viral
El proceso de creación del disco dejó anécdotas tan espontáneas como el origen de Cifrinita, una palabra utilizada en Venezuela para referirse a las mujeres “gomelas”. El tema nació tras un show en Bogotá, donde un Alejandro bastante nervioso se tomó unos tragos de más y terminó en un evento conociendo a una chica de Caracas. En medio del coqueteo, y buscando romper el hielo de forma original, le confesó que le gustaba tanto el acento venezolano que a veces le pedía a ChatGPT que le hablara con ese tono. Aunque la conquista no pasó de un par de risas y un intercambio de redes sociales, la escena fue suficiente para prender la chispa creativa en el estudio al día siguiente.
Por otro lado, el impacto de La Cura ha demostrado el poder de las plataformas actuales. La canción se viralizó de forma orgánica en TikTok, inundando los parches de fin de semana en fincas de Villavicencio o discotecas en Washington. El fenómeno ha dejado situaciones de lo más charras, como la de un amigo del entretenimiento que, en plena pelea con su novia, le pidió a Alejandro una nota de voz cantando el coro para ablandar el corazón de la joven. El resultado fue un éxito rotundo: la pareja volvió a hablar gracias al mensaje personalizado.
La batalla de los diez segundos frente al espejo de los estadios
Saavedra es consciente de que la industria actual es un terreno berraco debido a la inmediatez de los teléfonos celulares. Sabe que antes la gente compraba un CD y se obligaba a digerirlo de principio a fin, mientras que hoy el público se cansa rápido y está a un solo clic de cambiar la pista si no se engancha de inmediato. Si antes se decía que un artista estaba a tres minutos de ser famoso, Alejandro asegura que hoy se está a escasos diez segundos de cambiar la vida gracias al algoritmo de un video corto. Por eso, el ritmo de trabajo no para: con el EP recién estrenado, ya tiene diez maquetas guardadas y prepara un nuevo proyecto conjunto con un parcero de Medellín.
Con los pies en la tierra pero la mente puesta en las ligas mayores, el cantante ya decreta sus escenarios soñados para el futuro a mediano plazo. Mantiene la firme promesa de que cuando llegue el momento de llenar un Estadio El Campín en Bogotá o el Atanasio Girardot en Medellín, regresará a mirar los clips de sus inicios para recordar que el camino valió la pena. Alejandro Saavedra demuestra que la honestidad no pasa de moda y que su mundo musical está diseñado para que nadie tenga que pasar la tusa en silencio.
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