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El Pepo Show: Del desorden de la champeta al afrobeat que hace bailar con el corazón arrugado

El artista y productor costeño nos habla de su nuevo rumbo musical, el secreto para que el centro de Medellín parezca París y el lanzamiento de su esperado álbum, “Sueños de niño”.

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Hay momentos en la carrera de todo artista en los que toca tapar la olla, pausar el alboroto y recalcular el rumbo. Eso fue precisamente lo que hizo El Pepo Show. Después de una temporada marcada por canciones explosivas, rumbas frenéticas y una mezcla casi caótica de champeta con salsa, el músico decidió que era hora de bajarle un par de cambios a la velocidad, pero meterle mucha más profundidad al ritmo. Su nueva apuesta se cocina a fuego lento, apostándole de lleno al afrobeat y al dancehall, géneros que hoy dominan las discotecas del mundo, pero con un ingrediente extra que pocos logran masterizar: la nostalgia bailable.

Su más reciente sencillo, La canción, es el reflejo perfecto de esta evolución. Lo curioso es que el tema logra transmitir una profunda melancolía sin necesidad de apelar a una letra trágica o explícitamente triste. El secreto de este fenómeno radica en la doble faceta del Pepo, quien no solo interpreta sus canciones, sino que también las produce desde el primer acorde.

“Todo está en el momento de hacer el beat. Dejo que las melodías me lleven y juego con los contrastes; puedo meter un piano que se escuche triste, pero le pongo un bajeo encima que te da ganas de bailar inmediatamente”

Secretos de estudio y el truco de “viajar” sin salir de Colombia

Para los oídos más entrenados, la producción musical del Pepo esconde pequeños guiños que delatan sus años como oyente apasionado del R&B norteamericano. Influenciado por figuras como Wiz Khalifa y Chris Brown, el colombiano suele meter efectos y sonidos tipo lead que juegan a contestarle a la voz principal durante los coros. Es un proceso de creación orgánico y sin presiones. El Pepo no es de los que se encierra a la fuerza a terminar un tema en una sola sesión; si la inspiración se traba, prefiere irse al gimnasio o hacer deporte, dejando que las ideas maduren solas hasta que una madrugada cualquiera la letra fluye de largo hasta que sale el sol.

Esa misma búsqueda de un aire más internacional se trasladó a la propuesta visual de su nuevo sencillo. El video musical ha dejado con la boca abierta a sus seguidores, quienes juran ver rincones europeos en cada toma. Sin embargo, la magia no ocurrió en París, sino en pleno centro de Medellín. De la mano de su director de cabecera y amigo de infancia, Tenorio Vélez, el equipo demostró que con un buen juego de cámaras, un manejo impecable del styling con pantalones anchos y mucha actitud, se puede exportar talento local con estética del primer mundo.

La esencia no se negocia: Entre Bélgica, Barranquilla y lo que viene

A pesar de sus proyecciones globales y de soñar con colaboraciones al lado de artistas internacionales como el haitiano Joe o el panameño Bosa, El Pepo mantiene los pies bien puestos en la tierra. Asegura que aunque se gane un Latin Grammy, hay algo que jamás va a cambiar de su identidad: su acento costeño golpeado. Para él, esa forma de hablar y de meter los dichos de su gente es el verdadero sabor que le da identidad a su propuesta musical.

Esa autenticidad es la que lo ha llevado a vivir experiencias surrealistas en el extranjero, como cuando el año pasado se subió a la tarima del Festival Antillano en Bélgica. Le tocó la difícil tarea de cantar justo después del legendario Grupo Niche. Con el miedo lógico de enfrentarse a un público europeo que ni siquiera hablaba español, El Pepo terminó poniendo a brincar a miles de personas al ritmo de su éxito Arrebatao. Lo mismo le ocurre cada año en los Carnavales de Barranquilla, su plaza más fuerte, donde incluso ha visto a fanáticos llorar de la emoción al verlo compartir escenario con grandes de la música urbana como El Alfa.

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