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Rapsusklei y Sharif: El regreso de los hijos de Zaragoza

Una mirada crítica al desplazamiento del género hacia el sur y el reconocimiento de una deuda de inspiración con el sazón, el dolor y la lírica latinoamericana

En las calles de Zaragoza, la palabra ‘terquedad’ no es un insulto, es un grado de nobleza. De esa misma cepa provienen Rapsusklei y Sharif, dos pilares del hip hop en español que, tras formar parte de la generación que cambió las reglas del juego junto a nombres como Violadores del Verso o ToteKing, han decidido finalmente unir sus caminos en un álbum de larga duración. Según explica Rapsusklei, el narrador de esta travesía, la unión no es un movimiento de marketing, sino el cumplimiento de una deuda pendiente entre dos amigos de la misma ‘cuadrilla’ que llevaban posponiendo este encuentro durante más de una década por las exigencias de sus carreras en solitario.

Zaragoza: El origen de una rima innegociable

La identidad del disco está profundamente ligada a su lugar de origen. Rapsusklei recuerda que el hip hop llegó a Zaragoza de forma temprana gracias a la presencia de una base militar estadounidense, lo que permitió que el funk y la música disco permearan en los jóvenes antes que en otros sitios. Esa raíz creó una escuela de artistas ‘cabezones’ y campechanos que valoran la honestidad por encima del lujo. En su ciudad, la sinceridad es la moneda de cambio: si un rapero no es real, la propia calle lo ‘funa’. De esa exigencia nace su estilo melancólico y poético, uno que prefiere hablar de la vida en general y de los «días rotos» antes que de poses materiales.

El ‘colágeno musical’ y la renuncia al ego

A pesar de ser veteranos que graban desde los trece años, Rapsusklei y Sharif buscaron salir de su zona de confort para este proyecto. Para lograrlo, se rodearon de lo que ellos llaman ‘colágeno musical’: productores más jóvenes como Gordo del Funk y la gente de Montana, quienes aportaron sonidos modernos y estribillos pegadizos. El proceso creativo fue un ejercicio de humildad absoluta. Rapsusklei confiesa que, en favor de la canción, ambos artistas dejaron el ego en la puerta; si una idea no convencía al grupo, se descartaba sin importar quién la hubiera propuesto. El resultado es un sonido que, aunque flirtea con ritmos actuales, nunca se aleja de la cultura del hip hop puro.

‘Nosotros somos gente muy normal y en Zaragoza somos muy campechanos. Nos gusta esto por pasión, y como así lo empezamos cuando no había dinero, así lo mantenemos’.

El espejo latinoamericano: Sangre, sazón y dolor

Uno de los puntos más reflexivos de Rapsusklei es su reconocimiento al momento que vive el rap en Latinoamérica. Con total lucidez, el artista español asegura que el centro de gravedad del género se ha desplazado. Para él, el talento latino actual tiene una profundidad que en Europa se ha diluido. Atribuye esto a la compleja situación social de la región y a una raíz musical rica que permite a los raperos no solo rimar con destreza, sino también cantar, entonar y bailar con un «sazón» que hoy sirve de inspiración para los propios artistas españoles. Lo que antes era una influencia unidireccional, hoy es un aprendizaje mutuo potenciado por la inmediatez de internet.

La música como refugio emocional

La música de los días rotos erminó siendo el título de un álbum que se terminó antes de tener nombre. Define perfectamente esos momentos de tristeza y dolor que ambos artistas han transitado. Para quienes busquen una definición de lo que han logrado juntos, Rapsusklei señala una canción en particular: ‘La flor en los escombros‘ Es allí donde la lírica dura y la sensibilidad poética de ambos se funden para demostrar que, incluso en los momentos de mayor melancolía, el hip hop sigue siendo un manantial de hermosura. El disco es, en esencia, un tributo a la amistad y a la resistencia de una generación que se niega a perder su esencia.

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