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Heredero: El artista que “le colgó” la Carranga a las nuevas generaciones

Su nombre es Féizar Orjuela, pero el mundo lo conoce como Heredero, un título que honra su herencia santandereana y su misión de mantener vivo el viaje carrangueroen el siglo XXI.

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Desde las entrañas de Macarabita, Santander, surgió una voz que decidió convertir su pasión por la carranga en una bandera irrenunciable. Heredero ha logrado lo que parecía impensable: convertir la carranga en un fenómeno de exportación. Con cuatro décadas de pasión intacta, ha demostrado que la música campesina no tiene fronteras, posicionando éxitos como “Coqueta”, “Linda”, “Cosita” y “Lágrimas de despecho” en las playlists de países como México, Argentina y Chile.

Nos encontramos con Heredero en su estudio en Bucaramanga para conversar sobre su evolución y ese compromiso innegociable con sus raíces. Más que un artista, Féizar Mauricio Orjuela es hoy el auténtico heredero de un legado que, bajo su mando, ha dejado de ser solo regional para conquistar el mundo.

La esencia de la tierra

¿Qué le aportó Macarabita y la región a ese ADN musical que usted ha construido?

Macarabita lo es todo. Y cuando digo todo, es absolutamente todo; uno se debe, como artista, cien por ciento a su entorno. Es decir, uno es el resultado del lugar de donde viene. Por eso, cuando hablo con mis paisanos y me dicen que se sienten orgullosos de lo que hoy está sucediendo, yo siempre les menciono que este éxito es de ellos también. Lo que soy como persona y como artista se debe al lugar donde, geográficamente, nací y crecí: en mi Macarabita, en mi Santander.

Toda la información musical que he recibido entre mi infancia y mi juventud es de lo que está compuesto lo que soy hoy. Las letras, las melodías y todo lo que en el desarrollo de mi vida me fui ‘untando’ en mi tierra, han dado este resultado. Debo decir que absolutamente todo lo que reflejo en mis canciones, incluso mi forma de cantar, tiene su raíz en mi tierra.

¿Cómo siente que se traduce esa herencia a la música y a su evolución hoy en día?

Bueno, de alguna manera, todo género musical se ve obligado a la evolución. En mi caso, después de 40 años de que naciera la Carranga como tal, de que conociéramos clásicos como “ La Cucharita” , “ La China”  o “ Julia, Julia, Julia” , pues vino su servidor con una información un tanto distinta. No solo por la industria, sino por todo lo que se estaba moviendo alrededor de quien escribe y canta.

Procuro siempre lo auténtico; soy orgullosamente campesino, es un honor grandísimo para mí, pero también crecí con influencias distintas a las de hace cuatro décadas. Eso es lo que busco que lleven mis letras. Debo entender quién me escucha; me encanta que me sigan personas de todas las edades, pero pienso mucho en la juventud. Tengo el compromiso personal de “colgarle”  a esta generación nuestra música. Si lo logramos ahora, vamos a garantizar que el género se siga escuchando por muchísimos años más. Hay que complacer al público, porque ellos mismos nos indican qué están consumiendo.

La lucha por la identidad

Ahora que menciona esa información diferente, ¿Cuál cree que es la lucha más fuerte de la música tradicional frente a los géneros de consumo masivo?

La lucha es, primero que todo, con nosotros mismos. Hablando con carrangueros tradicionales, algunos de mucho nombre, decían que hasta a nosotros mismos nos daba pena decir que éramos carrangueros. Yo, como joven en mi pueblo, veía cosas que sucedían alrededor del género y del campo y me preguntaba: “¿Por qué no me siento orgulloso de esto?”. Durante mucho tiempo el género fue visto con burla por otros, calificando al campesino de forma despectiva. Pero uno habla como habla: si estás en la ciudad, tienes tu forma, y si estás en el campo, hablas como hablamos nosotros.

Esa lucha interna de decir “esto es nuestro, esto nos identifica” es lo que ha cambiado. Al transformar esa mentalidad, podemos entregarle al público algo auténtico. Hoy la gente busca gente real haciendo cosas reales, como pasa con los influenciadores. Cuando nuestra música es auténtica y le cantamos a la cotidianidad del amor y el desamor que no tiene ubicación geográfica, el público lo recibe con los brazos abiertos. Nos hemos ido apropiando de nuestro género, respetándolo y valorándolo.

En ese discurso tan fiel a su esencia, ¿Qué considera que es realmente importante ahora en lo musical?

Es fundamental conservar las bases. Desde que estaba en mi pueblo, le sumé percusiones distintas a la Carranga tradicional, como la conga o el bajo eléctrico, el güiro merenguero, pero siempre manteniendo el tiple, el requinto y lo que llamamos el “viaje carranguero”. Esto es evolución, no a ‘sombrerazos’, sino un crecimiento real del género.

Siempre digo que Colombia es multicultural y el nivel de nuestra industria es altísimo. Tenemos referentes mundiales como Karol G, Shakira o Juanes. Entonces, cuando alguien en otro país escucha un género y confirma que es de Colombia, ese es el gran aporte que sumamos. Siempre he dicho que sí a expandir nuestro sonido, juntándolo con otras cosas, pero sin perder la raíz que nos define.

El camino del éxito: De “Camine a ver” a “Coqueta”

En esa evolución de los últimos años, pasando por su primer álbum “Camine a ver” y éxitos como “Pero te quiero”, ¿Cómo ha sido el ejercicio de repasar sus canciones?

Mi primer álbum fue un proceso de dar a conocer nuestra propuesta. Yo comparo mucho la música con el arte de compartir algo que uno prepara con esmero: uno ofrece lo mejor de su cocina para ver si el comensal se siente identificado con ese sabor. “Los encargos de mi mamá” fue la primera canción que mostré en 2021 porque venía con una sonoridad distinta, pero con mucho «enganche» campesino.

Luego vino “Le pregunté, que conectó mucho con los jóvenes y aún hoy es obligatoria en mis conciertos. Marta”, por otro lado, es una canción totalmente distinta, más lenta, con un violonchelo, que demuestra que nuestra música también permite contar historias difíciles y sentidas. Ha sido un proceso de observar qué le gusta al público. Afortunadamente, escribo desde los 11 años y eso me permite tener un catálogo para complacer a esa masa de millones de gustos distintos que es el público.

Coquetafue, sin duda, un punto de giro. ¿Cómo procesa ese reconocimiento masivo sin sentir que su música no había sido validada antes?

Sabe que no es fácil. “Coqueta” fue una bendición para mi carrera, mi familia y para el género. Mucha gente no dimensiona que no sale una canción así cada ocho días, ni siquiera cada década. La señora Arelys Henao me decía que no recordaba cuándo había pasado algo similar con un tema. Eso puso la vara muy alta, pero yo no le cargo responsabilidades a mis canciones. A ninguna le exijo que supere a la otra.

Agradezco que este éxito llegara en un momento de madurez, a mis 40 y algo. Si hubiera pasado a los 20, habría sido muy complejo manejar las vanidades. Hoy lo recibo con gratitud diaria. Me pasaba que algunos influenciadores comentaban en redes si en el Movistar Arena iba a cantar “Coqueta” 40 veces, pero no se daban cuenta de que el público corea todas mis canciones. Mi compromiso ahora es mostrarles que hay todo un trabajo de años detrás de ese éxito.

El hito del Movistar Arena y el futuro

¿Qué significó para usted el Movistar Arena y cómo tomó el riesgo de hacerlo?

Fue una forma de mostrar de dónde viene lo que hago. Quería que el público viera el talento de gente como Álvaro Quiroga. el mejor requintista del país o Las Reinas de la Carranga, para que los jóvenes dijeran: ¿Cómo así que estas chicas tan talentosas hacen Carranga?. No fue fácil; fue un emprendimiento arriesgado. En un momento le dije a mi esposa: ‘nos vamos a quebrar’, porque yo era el artista y el empresario al mismo tiempo.

Afortunadamente, el miércoles antes del show ya éramos rentables y pude respirar. Ver el lugar lleno, con gente que vino desde México o Chile, fue magnífico. Una señora mexicana me envió foto de sus boletas diciendo que su hija de 15 años la había hecho viajar solo para el concierto. Fue un esfuerzo enorme para afianzar todo lo que hemos construido.

Ya casi sale su nuevo álbum, ¿Qué nos puede adelantar de este trabajo?

Viene algo muy especial. He estado estructurándolo por un par de años, ajustando canciones según lo que siento que el público más disfruta. Continúo siendo yo mismo, pero más maduro. Antes, quizás escribía canciones de 40 versos; ahora entiendo que debo decir lo mismo en 12 para que el mensaje llegue con más fuerza.

En el estudio me involucré en todo: grabo el requinto, el tiple y hasta los coros para que lleven el mismo viaje de la voz principal. Este cuarto álbum tiene tres invitados, incluido uno internacional, pero por cábala no daré nombres hasta que esté consolidado. Son colaboraciones que van a aportar mucho a nuestro género.

¿Qué significa la Carranga para usted hoy en día?

La Carranga lo es casi todo. Primero fue un sueño que me mantuvo enfocado y hoy es mi realidad. Gracias a ella trabajo con mi familia y resalto a mi municipio. Me representa tanto que no soy un personaje haciendo Carranga, sino un carranguero viviendo su música. Me ha hecho mejor persona, me ha enseñado a esforzarme y a impactar vidas. Ayer, mientras viajamos, vemos cómo la gente saluda al bus con alegría- Le doy gracias a Dios por hacerme merecedor de esto. Uno no debe hacer nada distinto a lo que ama profundamente. Pude haber buscado estabilidad en otra cosa, pero no sería tan feliz como lo soy con mi música.

Al salir de su estudio en Bucaramanga, queda claro que Heredero no es un producto de la industria, sino un fruto de la tierra. Su historia es el recordatorio de que la autenticidad es, en última instancia, el lenguaje más universal que existe. Entre cuerdas de tiple y el recuerdo constante de su Macarabita, Féizar Orjuela sigue adelante, no solo como un músico exitoso, sino como el guardián de un legado que hoy camina con paso firme por el mundo. La carranga, en su voz, no es solo pasado; es un futuro que apenas comienza a escribirse.

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