Mariangela Rubbini: Entre el legado de Shock y el mercado global de ADA
Más de dos décadas cazando talento para llevar la identidad de una nación a las grandes ligas.
Hay quienes escuchan música y quienes saben leerla. Mariangela Rubbini pertenece al segundo grupo. Con una trayectoria de más de dos décadas, su lente y su oído afinado no solo descubrieron talentos en la mítica revista Shock, sino que ayudaron a cimentar la identidad de una nación que, en los 90, aún miraba con timidez su propio reflejo sonoro.
“Crecí con diversidad de sonidos. Entre el tango de mi padre italiano y la salsa de mi madre caleña, mi infancia en una Bogotá rockera fue el campo de entrenamiento para lo que vendría”, recuerda Mariangela con una sonrisa que denota la nostalgia de quien ha visto la historia escribirse desde la primera fila.
El puente entre lo social y lo rítmico
Aunque hoy es una ejecutiva de alto nivel en ADA (Warner Music) como directora West Coast en Estados Unidos, el origen de Mariangela Rubbini es profundamente humanista. Su tesis universitaria sobre desplazados por la violencia política marcaba un camino hacia las ONGs, pero el destino la llevó a los medios de comunicación. Tras un paso breve por el periodismo de entretenimiento, encontró su lugar en Shock. Allí, transformó la revista: pasó de tener a Phil Collins en portada a darle vitrina a una escena nacional que pedía a gritos ser escuchada.
Cazando estrellas en el fango
Mariangela no es una ejecutiva de escritorio. Su método siempre ha sido el trabajo de campo. “Colombia no escuchaba lo que sonaba en Bogotá; en Pasto o San Andrés pasaban cosas distintas”, afirma. Esa curiosidad la llevó a apostar por proyectos que otros ignoraban, como ChocQuibTown o Edson Velandia.
El “Match” Inesperado: Yeison Jiménez y la conquista del popular
Para una curadora que creció entre el rock, el punk y los sonidos de vanguardia, el género popular parecía un territorio lejano. Sin embargo, el instinto de Mariangela Rubbini siempre ha sido transgresor. Su llegada al universo de Yeison Jiménez no fue un movimiento calculado por métricas, sino una conexión orgánica con la narrativa de la Colombia profunda.
“Yo venía de ese mundo alternativo y pop. Uno de mis grandes retos era llevar a ADA la idea del género popular”, confiesa Mariangela.
De la finca al estadio
El encuentro definitivo no ocurrió en una oficina en Bogotá, sino en la finca de Jhon Alex Castaño en Pereira. Allí, entre caballos parqueados frente a la mesa y el aroma del campo, Mariangela entendió que el género popular no era solo música; era el tejido social de la población trabajadora y campesina del país. Es la música que conecta con la masa.
“Hicimos un match increíble; a Yeison le gustó nuestro orden y nuestra visión digital, y a nosotros su talento. Él me abrió la puerta para firmar luego a otros grandes como Alzate, Giovanni Ayala y Nico Hernández”
El desafío de la era digital
Hoy, desde Los Ángeles, Mariangela observa con cautela la evolución de la industria. Le preocupa la “era de las canciones” sobre la “era de los artistas”. Está inmersa en el entendimiento del uso de la inteligencia artificial como buena herramienta, frente a algo que ya es imposible detener. Para ella, el éxito no está en el algoritmo, sino en el “ángel”.
“Uno sabe cuándo hay un artista. Puede que no sea el mejor de los cantantes, pero hay un carisma, unas ganas de comerse el mundo. Eso no lo ve el algoritmo de las plataformas de streaming”, sentencia. Para Mariangela, el futuro de la música latina depende de construir estrellas reales que trascienden la moda, asegurando que nuestra alegría y sonidos sigan siendo el latido del mundo.
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