El vallenato sazonado a mi manera: Guillo Vives une la cocina, la nostalgia y el folclor
El reconocido chef, empresario y artista presenta su nuevo álbum de estudio, una recopilación de clásicos y joyas inéditas interpretadas desde su particular registro de barítono y pensadas para acompañar el viaje de la vida.
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Pocas figuras en el entretenimiento colombiano logran saltar con tanta naturalidad entre los fogones, las juntas empresariales y los micrófonos como Guillo Vives. Autodefinido entre risas como el menú completo, el artista samario presenta en este 2026 su más reciente producción discográfica, A mi manera. Si este disco tuviera que pasar por la mesa y recibir un maridaje culinario, Guillo lo tiene claro: se serviría junto a una imponente posta negra acompañada de cayeye, ese guineo sancochado y pisado con abundante queso costeño que equilibra la fuerza de la raíz colombiana con la frescura del entorno caribeño.
Para Guillo, la música comparte una regla de oro con la alta cocina: el manejo implacable de la sal. En el universo del vallenato, esa sal indispensable radica en la sencillez y el respeto por la lírica clásica. El artista advierte que el exceso actual de narrativas crudas o mal habladas termina por salar el género, despojándolo de su verdadera esencia cultural. El vallenato es una música de origen y con fondo, y es precisamente esa pureza la que buscó rescatar en este proyecto de la mano de los arreglos generosos y accesibles del director musical Carlos Huertas.
Un barítono en la tierra de los vallenatos agudos
El principal sello diferencial de este álbum es, sin duda, la identidad vocal de su intérprete. El circuito vallenato ha estado históricamente dominado por voces masculinas agudas y tenores de gran alcance. Guillo rompe ese molde tradicional al cantar desde su registro natural de barítono, aportando un color profundo, robusto y poco usual al folclor. Aunque admite haber llegado a la entrevista un poco más ronco de lo habitual debido a sus recientes presentaciones en la Fiesta de la Ganadería, es esa misma textura madura la que le permite conectar con oyentes que normalmente no consumen el género de forma habitual.
“La música me despierta un sentimiento puro de remembranza. Es la herramienta para encontrarme con mi pasado, con mi infancia y con mis padres. Yo oigo una canción por primera vez y sé de inmediato si me toca el alma o no; estas ocho piezas me transportaron por completo.”
La odisea de ‘Callejón’ y las parrandas de infancia
El proceso de selección del repertorio implicó desenterrar memorias profundas de su niñez. El sencillo promocional, Ojos Verdes, es un tema de Alfredo Gutiérrez que Guillo escuchaba a los cinco años en las parrandas familiares. A este clásico se suman obras de la talla de Señora, Lejanía, Corazón de acero y El mochuelo, una pieza costumbrista que compara el amor con un pájaro en cautiverio, un detalle que hoy resulta exótico pero que retrata la vida de los pueblos de antaño. Todas estas canciones formaron parte de su historia y solía interpretarlas de manera informal en su propio restaurante.
Sin embargo, la canción que exigió mayor paciencia y gestión fue la única pieza inédita del álbum: El Callejón. Su autor, el compositor Adrián Pablo Villamizar, es un amigo cercano de Guillo que jamás había sido grabado por ningún artista comercial. Villamizar le compartió la maqueta de manera informal por WhatsApp y Guillo quedó tan impactado por su ritmo de son montuno cubano que tuvo que rogarle pacientemente para que le cediera los derechos de registro.
La letra de Callejón narra una entrañable e idílica historia de barrio. Retrata el primer amor platónico de un niño de barriada hacia la niña más simpática y bonita de la cuadra; un sentimiento puro que nunca llegó a ser correspondido porque la joven ya se había ganado el corazón del crack del equipo de fútbol, el verdadero bacán de la zona.
Un disco de carretera y rumba para el segundo semestre
Guillo Vives concibe A mi manera como un disco de acompañamiento, un trabajo diseñado especialmente para poner en el reproductor del carro durante los viajes y cantarlo de principio a fin. El álbum transita con fluidez entre la melancolía del amor a la distancia y el júbio de la fiesta popular, encontrando en cortes como Berta Caldera los picos más altos de rumba y sabor costeño.
De cara al próximo semestre del año, las metas están completamente trazadas. Tras terminar la exigente etapa promocional y tomarse unos días de vacaciones, el cantante se concentrará en las extenuantes jornadas de ensayo junto a su recién creada banda en vivo. El objetivo principal es salir a rodar por los escenarios de todo el país, anticipando desde ya sorpresas especiales para las tradicionales Fiestas del Mar en su natal Santa Marta, demostrando que su receta vallenata está lista para ser coreada en todos los rincones de Colombia.
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