Alexis Escobar: 20 años de historia, el pavo de la gratitud y el milagro de “La Santa y la Diabla”
El artista antioqueño abre su corazón para relatar la década de lucha que precedió a su éxito masivo, su estrecha relación con Darío Gómez y cómo un negocio de empanadas a los siete años forjó al empresario que es hoy.
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La música popular colombiana tiene en Alexis Escobar a uno de sus exponentes más resilientes y carismáticos. En este 2026, tras cumplir dos décadas de carrera, el cantante nacido en Bello y criado en Cisneros reflexiona sobre un camino que estuvo lejos de ser un éxito inmediato. Alexis manifiesta que la clave de su vigencia ha sido la capacidad de poner buena cara ante la adversidad, recordando que antes de llenar estadios tuvo que lavar carros, vender piñas y recorrer pueblos cargando canciones que muchas emisoras se negaban a programar. Para él, cada puerta cerrada fue solo un impulso para regresar con más fuerza, blindado por una fe inquebrantable y un sentido del humor que hoy lo caracteriza tanto dentro como fuera de los escenarios.
Uno de los capítulos más determinantes de su vida fue su infancia, marcada por una escasez económica que él, en su inocencia de niño, nunca percibió como un peso. Desde los siete años, Alexis recorría su pueblo vendiendo las empanadas que hacía su madre, una labor que lejos de frustrarlo, despertó en él un olfato comercial que conserva hasta la actualidad. Puesto que siempre fue una persona trabajadora, el artista asegura que si la música no hubiera funcionado, seguramente hoy sería el dueño de una flota de mototaxis o un próspero comerciante, ya que tiene la habilidad de “caer parado” en cualquier lugar al que llegue. Esta mentalidad de progreso es la que hoy aplica en su hogar, donde su familia es el pilar que sostiene cada uno de sus logros.
La canción que lo cambió todo
El punto de inflexión profesional ocurrió en 2015 con el lanzamiento de “La Santa y la Diabla”. Alexis confiesa que estuvo a punto de rechazar la canción porque hace once años hablar de “diablas en la cama” resultaba escandaloso para el género popular. Sin embargo, tras decidir arriesgarse, el tema se volvió viral de forma orgánica, especialmente entre el público femenino, otorgándole el reconocimiento nacional que buscó durante diez años. El intérprete explica que la música tiene el poder de transformar realidades, y en su caso, le permitió cumplir el sueño de cantar junto a leyendas internacionales, demostrando que cuando se trabaja con pasión y sin el afán exclusivo del dinero, las bendiciones terminan por llenar la nevera y consolidar un catálogo de éxitos.
Amistades que son familia
Detrás del “cañón” de voz que Dios le regaló, Alexis Escobar cultiva relaciones de profunda lealtad. Su amistad con el fallecido Darío Gómez trascendió lo profesional para convertirse en un vínculo casi filial, donde el maestro lo presentaba ante el mundo como “su niño” . De igual forma, su conexión con Arelis Henao es un testimonio de gratitud; el cantante relata con ternura la anécdota de cuando gastó sus últimos ahorros de aquella época —unos 90.000 pesos— para comprarle un pavo de Navidad a la “Reina de la Música Popular” . Para Alexis, estos gestos de amor y el respeto hacia sus colegas son fundamentales en una industria donde la envidia suele ser moneda corriente, aunque él prefiere trabajar callado y dejar que sus logros hablen por sí solos.
“Un negocio o una carrera en la que no puedas estar pendiente está destinado al fracaso; por eso vivo mi proceso con intensidad, disfrutando cada minuto porque la vida es un ratico”.
En la actualidad, el artista promociona “Mamacita”, un sencillo que nació de la improvisación y que ya cosecha miles de réplicas en redes sociales. Con la mirada puesta en la internacionalización y nuevos proyectos empresariales, Alexis Escobar se mantiene fiel a su esencia: un hombre de fe, un padre dedicado y un artista que no olvida sus raíces en la calle, invitando a todos a luchar por lo suyo sin fijarse en lo que el otro logra, convencido de que el sol sale para todos los que trabajan con honestidad.
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