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Julio Reyes Copello: el productor detrás de grandes éxitos convertidos en himnos

Sus reconocimientos incluyen más de 50 nominaciones, 15 números uno en Billboard, más de 10 premios ASCAP y 14 Grammy/Latin Grammy (destacando Productor del Año 2022)

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Julio Reyes Copello es un nombre imprescindible en la música latina. Ha acompañado con su piano canciones que marcaron generaciones y, además, ha trabajado como productor junto a grandes figuras como Ricky Martin, Jennifer López y Marc Anthony, entre muchos otros. Su talento lo ha llevado a conquistar premios y nominaciones internacionales, consolidándose como uno de los productores más influyentes de la industria musical.

Su regreso al país siempre ha sido para compartir y apoyar el trabajo musical que sucede constantemente en Colombia. En 2025, su labor como director artístico de Ibagué Festival fue clave para impulsar programas como Art House Academy. Su regreso nuevamente será en 2026 como productor ejecutivo del Cartagena Festival de Música. 

Hablamos con él de su trayectoria y de los desafíos que enfrentan los artistas hoy en la música.

Hablemos de tus inicios

Empecé en el viacrucis de esa época, que era tratar de encontrar dónde formarse como músico en Colombia. Me gradué del colegio y me fui para la Escuela Superior de Música de Tunja. Duré un año y medio; era un sitio muy interesante. Pasé por la Universidad de los Andes, después encontré el programa de la Universidad Javeriana de Música, me quedé y hago parte de la primera generación de músicos egresados de la Universidad Javeriana.

Fuiste maestro también en la Javeriana

Sí, es que era una coyuntura muy especial en donde el maestro Guillermo Gaviria, que venía con todos esos sueños de transformar el sistema educativo en el campo de la música, venía de New York y nosotros, como que sus primeros alumnos, nos convertimos también en su brazo derecho para ayudarle a enseñar. Entonces, mientras íbamos avanzando, nos convertimos en profesores de solfeo y con una pasión impresionante.

La música clásica ha sido tu pasión, ¿Qué escuchabas en esa época?

En esa época estaba muy metido en la música clásica, pero yo vengo de una casa donde se oía de todo: se oía mucha música italiana, los melódicos, rock, entonces todo ese eclecticismo lo llevaba por dentro. Pero sí desarrollé una pasión muy especial por la música clásica y por la música contemporánea. Digamos que Bach ha sido una constante en mi vida; siempre me abrí y seguí encontrando mucha pasión por la música erudita.

Te vas a estudiar afuera, ¿Cómo llega esa primera oportunidad?

Hago una maestría en la Universidad de Miami en música para películas y producción, y de hecho el último año uno de los profesores de la universidad me recomendó para hacer orquestaciones a un álbum de Tony Bennett con Plácido Domingo. Era un álbum de Navidad que se llama Christmas in Vienna. Tuve la oportunidad de orquestar seis temas. Entonces yo ahí pensé: “Ya después de esto, yo me voy para Los Ángeles a hacer música para películas y hacer música para Barbra Streisand”. Nada de eso pasó.
Curiosamente, las puertas se me abrieron en Miami, donde tuve la oportunidad de conocer a un gran compositor y productor colombiano de esa época que se llama Estéfano, quien me abrió sus puertas muy generosamente y con él aprendí a escribir canciones. Entonces volví, hice un regreso de la música erudita a la música popular con una persona con una intuición sobrenatural que ya había tenido mucho éxito, y de hecho le agradezco enormemente porque sí me ayudó a liberarme un poco de la rigidez de la academia.

¿Cuál fue la primera composición que hiciste para un artista latino?

Yo creo que la más importante de las primeras fue en el 2004, cuando escribí justamente con Estéfano Ahora quién, para Marc Anthony. Una mezcla muy interesante porque esa canción yo la arranqué escribiendo solo la música y es muy chopiniana; de hecho empieza con un piano muy romanticismo y luego se vuelve como una balada italiana, cortavenas. Entonces yo se lo presenté a Estéfano, él empieza a improvisar melódicamente —que era genial— y a soltar como ciertas palabritas. Ese proceso de componer es casi como una sesión de espiritismo.

¿Y cómo se concreta?

Por capas. Y después de eso me uno con mi esposa, que es escritora de televisión, y entre los dos escribimos; ella me ayuda a escribir una telenovela. Esa canción es muy visual y fue muy importante para mi querido, adorado Marc Anthony —que lo adoro porque es un amigo fantástico y un artista impresionante—. Le abrió mucho un acceso a la música en español ya con otro nivel de profundidad en el conocimiento del lenguaje. Ganamos el Grammy americano con ese álbum. Pude escribir dos o tres canciones más.

Se suman una cantidad de premios que vienen después, como compositor. ¿Cuál crees que ha sido el diferencial en los artistas que tocas?

Siento que es el eclecticismo, el haber construido una versión de la belleza en mi mente que está hecha de muchas influencias. Mi versión de la belleza —yo creo que los artistas son mensajeros de la belleza, son predicadores de su versión de la belleza— está hecha de Bach, de Stravinski, de Prokófiev, de Ravel, de Queen, de Peter Gabriel, de Alejandro Sanz, de Joan Manuel Serrat… es infinita. Entonces uno orgánicamente hace un sancocho de todo esto, y eso es lo que creo que me ha dado bastante uniqueness en mi aproximación a la composición y la producción.

¿Cómo es trabajar con Julio Reyes Copello? ¿Qué es lo que tú miras en un artista?

Me apasiona ayudar a un artista a capturar su versión de la belleza y atraerla a esta dimensión en su estado más puro. Libre de las expectativas de la industria, libre de las expectativas de la gente, porque el artista tiene que ser la música que la gente tiene que oír, no la que quiere oír. Y cuando uno respeta ese proceso creativo, siento —en mi opinión— que es cuando el arte tiene una función transformadora en una sociedad.

¿Qué quiere escuchar la industria?

Lo que pasa es que ha habido una división, que se dio hasta física. Los ejecutivos tenían estudios, entonces una A&R de una compañía pasaba y oía algo que estaba en el estudio y se hacía matar por eso. Y hoy en día se dio una separación entre eso, y obviamente la industria probablemente está más concentrada en los resultados y en lo que dan los números y, en ese sentido, a veces no siempre va en contravía del talento y de la intuición del creador.

¿Cómo es manejar esos dos universos? Porque al final tienes que toparte con eso

Difícil. No voy a decir que es fácil, pero siempre uno encuentra aliados. Yo he encontrado aliados increíbles dentro de la industria que me han apostado, han creído, han sido medio locos, pero han apostado y hemos podido tener éxito. Entonces eso es importante. Por eso no se puede generalizar que “la industria” como tal no. Digamos que sí son los parámetros generales y, obviamente, son empresas multinacionales que tienen que ver resultados económicos en todos sus procesos. Entonces quieren repetir un poco la fórmula que les sirve, no quieren ir a lo que no les funciona. Es entendible. Aquí no se trata de juzgar a nadie, pero hay que tratar de encontrar un equilibrio entre los dos mundos.

Hablemos de Art House. Vuelves a ser maestro, vuelves a reunir a la gente, vuelves a profesionalizar ingenieros, compositores, productores en una academia que llevas a Miami, que es una sede como del Abbey Road

Hice un joint venture con Abbey Road para crear un ecosistema creativo. El sueño es encontrar un modelo educativo que acerque más la academia tradicional a la realidad. Entonces, ¿Cómo acercar a los chicos a un mundo vivo por donde pasan artistas? Por eso lo hice en mi estudio, por donde están pasando todos los artistas, y crear la oportunidad a los chicos que van a estudiar. Además, es un ambiente muy reducido, muy boutique, muy personalizado, porque yo creo que la educación a nivel profesional no puede ser masiva, no puede estar graduando 100 o 150 productores, ingenieros; me parece casi irresponsable. Entonces he creado este ecosistema, en el que entré con un síndrome del impostor tenaz y, a medida que hemos tenido éxitos, nos hemos ganado en dos años consecutivos “Mejor Artista Nuevo” en los Latin Grammy: en 2023 con Joaquina y en 2024 con Ela Taubert.

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