Segundo Rosero: El ídolo de la rockola que pasó de manejar camiones a exigir el valor real de los artistas
Con más de cuarenta años de trayectoria, la leyenda ecuatoriana confiesa cómo Darío Gómez lo inspiró a dignificar su profesión, su herencia musical de raíces colombianas y el sueño de formar un “trío” histórico
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El maestro Segundo Rosero, considerado una leyenda viva de la música sentimental en Latinoamérica, presenta su más reciente lanzamiento: “Guerra Fría”. Esta canción, escrita por el compositor ecuatoriano David Chumaña, relata la dolorosa transición de un amor que comienza radiante pero termina congelándose en la distancia y la indiferencia. Para darle un toque único, Rosero decidió tomar la versión original y adaptarla a su inconfundible estilo, logrando una magistral fusión sonora que entrelaza la melancolía de la rockola ecuatoriana, el desgarro del despecho colombiano y el dramatismo de la ranchera mexicana, entregando al público una joya que ya se encuentra disponible en todas las plataformas digitales.
Sangre paisa y un arrullo en la voz de Olimpo Cárdenas
La conexión de Segundo Rosero con Colombia y la música de antaño no es casualidad, sino un legado que lleva en la sangre. Creció bajo la influencia de su abuela, una mujer de raíces antioqueñas y ferviente melómana, quien sintonizaba en su radio de onda corta los bambucos, los pasillos, los tangos y las rancheras de gigantes como Pedro Infante y Javier Solís. De hecho, su destino musical se manifestó cuando apenas tenía cinco meses de nacido; su madre descubrió que la única forma de calmar su llanto incesante era encender la radio. Curiosamente, fue la voz del legendario Olimpo Cárdenas la que logró silenciarlo por primera vez, demostrando que había nacido con una sensibilidad artística heredada también de su abuelo materno, un talentoso músico de quien, bromea, sacó las habilidades artísticas pero no la fama de mujeriego.
De chofer de camiones a revolucionar la industria musical
Aunque hoy es un ídolo de multitudes, la vida de Segundo Rosero pudo haber tomado un rumbo muy distinto. A sus veinte años, se graduó como chofer profesional y trabajó manejando camiones, convencido de que la música no sería su camino definitivo. De hecho, cuando grabó clásicos como “Bolero Rocolero” y “Cómo voy a olvidarte”, pensó que sería su despedida de los estudios. Sin embargo, el éxito fue tan arrollador que su vida cambió para siempre. Al notar que los promotores se enriquecían mientras los artistas de su época morían en la pobreza, decidió tomar como ejemplo la valentía del colombiano Darío Gómez. Rosero multiplicó radicalmente su tarifa, pasando de cobrar quince mil a ciento cincuenta mil sucres, exigiendo el respeto económico que merecía su talento. Hoy, le transmite esa misma sabiduría a su hijo Marcos, a quien está guiando en la música con la condición innegociable de que primero termine su carrera universitaria.
Infidelidades, un legado blindado y un “trío” soñado
Haciendo gala de su gran sentido del humor durante una dinámica de preguntas rápidas, el artista confesó que se identifica profundamente con la letra de “Vagabundo, Macho y Loco” porque, en su juventud, una novia le fue infiel, añadiendo entre risas que afortunadamente era “solo una de sus novias”, pues de haber sido la única, se habría muerto de dolor. Hoy, con el corazón más sereno y definiendo su presente con la palabra “agradecimiento”, Rosero se encuentra grabando un lote de treinta canciones para la posteridad, asegurando que, aunque no planea irse pronto, quiere dejar un legado musical imborrable. Además, reveló que tras su exitosa colaboración con Alzate, tiene en la mira un proyecto monumental: unir su voz a la de Luis Alberto Posada y El Charrito Negro para conformar un histórico “trío”, aclarando con picardía que se trata estrictamente de un trío musical para el deleite de todos los amantes del buen despecho.
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